“El periodismo es contrapoder”: Jorge Ramos

En entrevista, el periodista señala que el caso de La Casa Blanca de Peña Nieto exhibe lo peor de México, pues refleja que cuando se hace una denuncia de corrupción los que son despedidos no son los personajes corruptos, sino los periodistas.

Entrevista con Jorge Ramos

Jorge Ramos presentará Sin miedo. Lecciones de rebeldes y poderosos, el próximo martes 12 de abril a las 11 am, en el Auditorio José Sánchez Villaseñor de la Universidad Iberoamericana.

¿Tiene alguna definición de periodismo?

El periodismo es contrapoder. El lugar del periodista está del otro lado del poder. Nos equivocamos cuando estamos del lado de los poderosos, de los empresarios. La principal función social del periodista es cuestionar y denunciar el abuso de los que tienen el poder.

Aunque el periodismo se puede volver un instrumento de poder, como exponen como Umberto Eco y Vargas Llosa en sus últimas novelas.

A eso ya no le llamaría periodismo. Hay muchos periodistas que dejan de serlo al acercarse al poder y por eso es importante que rescatemos el concepto de periodismo como rebelión, servicio y contrapoder. Nos toca hacer las preguntas que nadie quiere hacer. Si no cuestionamos e incómodamos a Javier Duarte, a Peña Nieto a Donald Trump, nadie más lo hará.

En su libro da cuenta de varios momentos tensos con sus entrevistados…

Es mentira que los periodistas no nos ponemos nerviosos. Hay cosas que nos dan miedo pero lo importante es superarlo y atreverse a hacer las preguntas incómodas. Antes de una entrevista los poderosos siempre tratan de amedrentar.

Un ejemplo…

Todos: Peña Nieto, Salinas de Gortari, Fidel Castro, Hugo Chávez. A nosotros nos toca enfrentarlos y cuestionarlos. Hay que entrar a una entrevista sin creerle al entrevistado. Debemos llevar a nuestras entrevistas con una sana incredulidad. Como decía uno de los editores del Washington post: nuestro trabajo comienza después de conocer la versión oficial de la verdad.

¿A qué le tiene miedo?

A no hacer la pregunta más difícil o no haber hecho bien mi tarea. Me da miedo morir o que les pase algo a mis hijos; fallar en lo que hago; a esa llamada o ese texto que cambian tu vida. El punto no está en perder el miedo, sino en reconocerlo y conquistarlo.

Usted tuvo un incidente con Donald Trump. ¿Hasta dónde se vale que lo personal interfiera en el trabajo del periodista?

Cuando Donald Trump dijo que los inmigrantes mexicanos eran narcotraficantes, criminales y violadores estaba hablando de gente como yo, y como periodista me tocaba decirle a Trump que lo que había dicho era una estupidez. Los periodistas estamos obligados a tomar partido en seis áreas: racismo, discriminación, corrupción, mentiras públicas, dictaduras y derechos humanos. Cuando Trump hace comentarios racistas sobre mexicanos y musulmanes; y sexistas, estamos obligados a tomar partido por ser éticamente correcto.

¿Cuál es la línea que separa esta línea de denuncia con el periodismo militante?

La gran diferencia está en no formar parte de ningún partido ni de ninguna organización. Hay que ser periodista, no priísta, ni panista, ni perredista. Hay que ser fieramente independiente. Hay que cuestionarlos a todos por igual. Esa es la gran diferencia.

Actualmente muchos medios pertenecen a grupos empresariales con intereses no necesariamente periodísticos.

Hay censura en la prensa mexicana pero al mismo tiempo creo que cada vez hay más periodistas independientes. Los grandes avances que hemos logrado en libertad de expresión no los vamos a ceder, pero hay que reconocer que México sigue siendo uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo: más de 80 periodistas han sido asesinados desde 1992. Desde el gobierno y las empresas hay presiones políticas. Lo que es imperdonable es que desde Los Pinos siga habiendo censura de prensa, el caso de la Casa Blanca refleja lo peor de México, refleja que cuando se hace una denuncia de corrupción los que son despedidos no son los personajes corruptos, sino los periodistas. Eso es absolutamente inaceptable.

Peor que la censura, es la autocensura por cuestiones de seguridad, de crimen organizado o presiones laborales.

En un país tan violento como México, uno de los trabajos más peligrosos es ser periodista, particularmente cuando se trata de cubrir el crimen organizado. Los periodistas de provincia que enfrentan a los criminales y a los gobernantes son heroicos.

¿Se ha autocensurado?

En lo absoluto. Tengo la suerte de vivir en una trinchera en Miami donde no me preocupo por tener un guardaespaldas, puedo ir al supermercado, de viajar sin protección, esa es una de las maravillas de vivir en un país que en la primera enmienda de la constitución garantiza el derecho a la información.

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