El sacerdote que decidió combatir la pobreza desde un basurero..

Un ejemplo es Pedro Opeka, quien hace 30 años comenzó su trabajo en un basurero de Madagascar, donde vio a más de mil niños luchando con perros y cerdos por comida.

Lo anterior creó en él una convicción, rebelarse contra la injusticia, “porque la pobreza extrema mata el alma y la dignidad”. EL sacerdote publicó recientemente el libro Rebelarse por amor, donde narra sus 48 años de lucha en la isla africana, que podría visitar próximamente el papa Francisco.

En entrevista para Alfa y Omega, explicó que él es enemigo de los expertos y los discursos vacíos, de los políticos que engañan al pueblo y aquellos que los dejan aún peor que como lo encontraron. “Esa injusticia me hace rebelarme a cada instante. No busco la violencia, pero la siento y me hacen reaccionar. Por eso no puedo hablar con paz, porque cuando lo hago, grito y me rebelo”, explicó.

Cuando tenía 22 años, Opeka dejó su natal Argentina con el objetivo de seguir los pasos de San Vicente, quien comandó a los primeros misioneros en Madagascar. Primero vivió en el sureste de la isla y luego a la capital del país, donde fue recibido por el individualismo y la falta de solidaridad.

Foto de Friends of Father Pedro Charity

“La extrema pobreza mata la cultura, mata el alma y la dignidad de un pueblo, de las personas. Vi que los pobres de la capital habían perdido el alma. Eran malgaches pero sin raíces”, explicó.

Añadió que su trabajo en Antananarivo en el basurero local, donde vio a niños conviviendo con cerdos y tras una noche difícil buscó inspiración para ayudar. Al día siguiente se reunió con uno de los jefes del lugar y le ofreció su ayuda así como al resto del grupo, naciendo así el movimiento Akamasoa, que significa Los Buenos Amigos.

Explicó que los locales pensaron simplemente “a este blanco lo vamos a ver un mes, después se va a cansar y se va a ir. Estaban cansados de creer en promesas que nunca se cumplían de tanta gente que pasaba, a mí me tomaron a la ligera, pero yo me quedé”.

Con el paso del tiempo, el movimiento creció y actualmente cuenta con un amplio territorio, dispensarios, campos deportivos, electricidad, calles y espacios verdes. Para vencer la pobreza extrema, se rigen bajo los principios de trabajo, educación y disciplina.

Como resultado, más de 500 mil personas han pasado por el centro, 25 mil viven en él en la actualidad y 30 mil reciben algún tipo de ayuda al año.

El sacerdote comenta que actualmente “Ya nos debería financiar las Naciones Unidas”, sin embargo acepta haber rechazado el apoyo de varias instituciones internacionales debido a que buscaban condicionar su trabajo. Por ello, ha sobrevivido con aportes privados, lo que además le ha permitido vivir situaciones distintas.

Foto de Internet

Tan solo en mayo, fue invitado de honor en la final de la Champions League, donde dos madrileños y un argentino le prometieron apoyo. Tras esto, fue recibido por el papa, a quien conoció entre 1966 y 1968, cuando el sumo pontífice realizaba sus estudios teológicos en el Colegio Máximo de San Miguel.

Opeka dijo que en su encuentro en el palacio apostólico, Francisco le preguntó si ya había pensado en su reemplazo, pues a todos les llega el momento de morir. A esto, él respondió: “sí, Santo Padre, tengo la gracia de Dios de haber encontrado más de 500 colaboradores y sobre todo colaboradoras”, lo que lo dejó contento y feliz.

Añadió que espera recibir al papa en 2019 en Madagascar, acompañado por 14 mil niños y jóvenes sacados de la calle. Afirmó que le ilusiona tener al frente de la iglesia a un “hombre auténtico y que vive el Evangelio, eso es una fuerza enorme para todos nosotros los misioneros”.

En cuando a la pobreza, Opeka dijo que no le gusta filosofar sino los gestos prácticos, insistiendo que “tenemos que rebelarnos contra la injusticia, contra todo lo que disminuye al ser humano, que lo excluye de la sociedad. No con palabras sino con gestos concretos. Hoy puedo levantar la voz porque detrás de mí están miles de personas”.

Asimismo, se mostró a favor de acabar con la hipocresía de la democracia, diciendo la verdad aunque duela, y que los políticos deben recordar que solo se llega al poder una vez, “hoy muchos presidentes roban a su pueblo, se sirven de él para sus propios intereses. Eso es inhumano. ¿Cómo puede mentirse uno a sí mismo? ¿Cómo puede mirarse al espejo y hablarle a sus hijos cuando él traicionó a su pueblo por dinero? Y ese dinero quizás lo usarán sus hijos, pero con vergüenza, porque la verdad nunca podrá esconderse, siempre saldrá a la luz”.

Agom

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